A pesar de no contar con los recursos a la par de las grandes potencias militares mundiales, America Latina se ha distinguido en varios episodios, a lo largo de más de un siglo de historia de la aviación militar. A pesar de ser minimizados y menospreciados por muchos, estos hechos heroicos son tan numerosos que se necesitarían varias páginas para relatarlos todos. Hemos hecho una selección con algunos de los más notables, desde los años previos a la Primera Guerra Mundial hasta la Guerra del Cenepa, pasando por la Guerra del Chaco y las Malvinas…y aún así han sido necesarias 2 partes para poder incluir estas hazañas de los amos de los cielos de América.

El primer combate aeronaval de la historia.

México fue uno de los países pioneros en la utilización de los aviones para fines bélicos. Ya en 1913, durante la Revolución Mexicana, el Ejercito Constitucionalista utilizaba un avión Moisant-Kenter para misiones de bombardeo y lanzamiento de panfletos, incluso antes de que el nuevo invento fuera usado en la Primera Guerra Mundial.

Sin embargo, un hecho de armas ha colocado a México en los anales de la historia de la aviación militar: la Batalla de Topolobambo. En abril de 1914, un biplano tipo Martin Pusher comprado por los constitucionalistas (quienes lo renombraron como Sonora) bombardea al barco cañonero Guerrero, utilizando bombas de mano (aún no existían bombas de aviación). Las bombas no impactaron en el barco, pero lo hicieron huir del puerto.

Más adelante, este avión participó también en vuelos de reconocimiento y ataque a tierra, antes de accidentarse ese mismo año. México era no solo la cuna del primer combate aeronaval en la historia, sino el primer país de Latinoamérica en usar el avión en combate.

Con los restos del avión Sonora se construyó un simulador de vuelo agregándole el motor de un automóvil para hacerlo avanzar en tierra, ayudando a preparar a los primeros pilotos de la nueva Fuerza Aérea Mexicana.

Martin Pusher «Sonora»

El primer combate aire-aire en Latinoamérica

El primer «dogfight» del continente ocurrió también en una guerra civil: la paraguaya de 1922-23.

Tanto el bando gubernamental como los rebeldes comenzaron a reclutar pilotos mercenarios paraguayos, argentinos, y hasta británicos e italianos veteranos de la Primera Guerra Mundial. Aquellas primitivas fuerzas aéreas incorporaban distintos modelos, algunos de ellos propiedad privada de los mismos pilotos. Pero había un tipo de avión que militaba en ambos bandos: el Ansaldo SVA.5, de fabricación italiana. Se trataba de un avión de reconocimiento a menudo adaptado para tareas de caza, usado por Italia e Inglaterra en la Gran Guerra. Estaba armado con dos ametralladoras Vickers calibre 7.7 y hasta 200lb de bombas.

El 5 de noviembre de 1922 un SVA.5 del bando rebelde se lanzó en un ataque con bombas sobre un campamento gubernamental en Salitre Cue. Otro SVA del gobierno pilotado por el inglés Patrick Hasset despegó para interceptarlo. Después de ser ametrallado, el avión rebelde regresó a su base. Otro avión del mismo tipo regresó al día siguiente para continuar el ataque de su compañero el día anterior, y nuevamente Hasset despegó para interceptarlo. Ambos aeroplanos trabaron batalla, convirtiéndose en el primer combate aire-aire en suelo Americano del que se tenga registro. Ambos aeroplanos recibieron impactos de bala, pero al final el piloto rebelde fue herido y obligado a retirarse. El avión quedo destruido al realizar el piloto un aterrizaje forzoso derivado de los daños causados por Hasset.

Durante la Revolución Paraguaya hubo otros encuentros aire-aire entre las fuerzas aéreas de ambos bandos, pero la balanza se inclinó siempre hacia el lado gubernamental, que poseía pilotos más experimentados.

SVA.5 utilizado por las Fuerzas Gubernamentales Paraguayas. Foto: Renato Angulo.

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Rafael Pabón

La Guerra del Chaco fue un conflicto territorial en Sudamerica. Fue una de las contiendas más sangrientas del periodo de entre-guerras, dejando al rededor de 100 000 muertos.

Durante todo el conflicto la aviación jugó un papel importante, y las operaciones aéreas se efectuaron desde el primer hecho de armas importante de la guerra. Fue así que el 28 de septiembre de 1932 ocurre el primer combate aéreo entre naciones beligerantes en América, cuando un Potez 25 paraguayo y un Vickers Vespa Boliviano se enfrentan en la Batalla de Boquerón, pero sin producirse ningún derribo.

Es hasta diciembre de 1932 cuando se produce el primer derribo aire-aire en Latinoamérica, cuando el piloto de combate boliviano Rafael Pabón derriba un Potez 25 paraguayo, a bordo de su Vickers Vespa después de un breve dogfight. Pabón había sido entrenado por el Cuerpo Aéreo del Ejercito Norteamericano. Participó en varios de los 20 combates aire-aire registrados en la Guerra del Chaco, logrando 3 derribos. Sin embargo, el joven aviador no vio el fin de la guerra: fue derribado el 12 de agosto de 1934 al avistar y tratar de derribar un Potez 25 paraguayo tripulado por el Capitán Peralta (piloto) y el Teniente Etcheverry (artillero). El más moderno Curtiss-Wright CW-14 Osprey de Pabón hizo varias pasadas por la retaguardia para tratar de derribar al obsoleto Potez, pero fue alcanzado por el artillero de este, precipitandose en una bola de humo negro.

Pabón es recordado como uno de los personajes más notables de la Fuerza Aérea Boliviana.

Ilustración del Osprey tripulado por Pabón y su artillero Mario Calvo.
Restos del Osprey derribado de Rafael Pabón, hallados en Paraguay en 2018. Foto: EFE Paraguay/Cortesía de Arnoldo Wiens.

Batalla de Tarapacá

Los años 20, la década de la posguerra, vio grandes adelantos en la aviación. El avión se utilizó más para el entretenimiento, las competencias y el transporte, mientras que paralelamente se desarrollaba y se innovaba la aviación militar. Los aviones vieron una relativa paz durante esta década (excepto en países como Paraguay o México, donde fueron usados en la Guerra Cristera y en las múltiples rebeliones post-revolucionarias).

Fue hasta los años 30 donde nuevamente estas máquinas aparecen en la escena mundial. Latinoamérica no fue la excepción. De 1932 a 1934, Colombia y Perú se vieron enfrascados en otro conflicto bélico derivado de tensiones fronterizas y reclamos sobre el derecho de explotación de recursos naturales: la Guerra Colombo-Peruana o Guerra de Leticia.

En este contexto, el 14 de febrero de 1933, una flota de buques y unos cuantos cazas Curtiss Hawk II (adaptados con flotadores) colombianos se encontraban anclados en la zona de Tarapacá (Amazonas), cuando fueron atacados por 3 aviones  Vought O2U Corsair peruanos. Se produjo un combate donde los cazas colombianos lograron hacer huir a los Corsair peruanos. Esto permitió a los mandos colombianos ordenar un ataque aéreo sobre las fuerzas peruanas en la costa, utilizando 3 Hawk II y una cuadrilla de otros 4 aviones integrada por un Junkers K-43, dos Dornier Wall y un Junkers F-13; aviones civiles adaptados como bombarderos. Al día siguiente de este ataque, las fuerzas colombianas llevaron a cabo un ataque anfibio, haciendo huir a los peruanos, que habían sido debilitados por los ataques aéreos.

Esta fecha es celebrada cada año por la Fuerza Aérea Colombiana, ya que los expertos reconocen que el papel de la aviación militar fue un factor decisivo en el resultado final de la batalla y de la guerra.

Hawk II F11C en los combates del Güepí , otra importante batalla para la Aviación Militar Colombiana, de la que hablaremos en otro artículo.

El sacrificio de José Quiñones Gonzalez

Mientras que en Europa las conquistas alemanas en la Segunda Guerra Mundial estaban en su pleno auge, en 1941 iniciaba otra guerra territorial que cobraría la vida de sudamericanos: la Guerra del 41 o Guerra Peruano-Ecuatoriana. Ninguno de los dos países supo ponerse de acuerdo respecto a cual de los dos invadió al otro primero, por lo que el 5 de julio de ese año comenzaba una guerra no declarada de 6 meses entre ambos países, en la que Perú resultaría victorioso.

Esta victoria fue en gran medida gracias al equipo más moderno usado por el Cuerpo Aeronáutico de Perú y sus pilotos mejor preparados. El ala de caza peruana estaba constituida por una pequeña pero moderna escuadrilla de 7 cazas North American NA-50 llamados cariñosamente Torito (designado P-64 en Estados Unidos), a los que se les agregaron soportes subalares para llevar bombas. Mientras que Ecuador solo contaba con 6 aviones utilitarios Curtiss-Wright CW-19 Sparrow y 3 viejos IMAM Ro.37 de fabricación italiana.

El 23 de julio de 1941, una cuadrilla de 4 Toritos al mando del comandante Antonio Alberti salió de Tumbes para atacar una posición de artillería antiaérea ecuatoriana en Quebrada Seca. Uno de los pilotos era el Teniente José Quiñones Gonzáles, graduado de la Escuela Central de Aviación Jorge Chávez en 1939. Ya en la zona de la misión, el Teniente Quiñones descendió para arrojar sus bombas, pero fue alcanzado por el fuego antiaéreo enemigo. El piloto maniobró su avión dañado gravemente, y en una muestra de total arrojo, lo lanzó en picada estrellándose contra la posición ecuatoriana. Quiñones murió en el acto, pero logró reducir la artillería enemiga a escombros, convirtiendo la misión en un éxito.

 José Quiñones Gonzáles fue ascendido póstumamente a capitán de la Fuerza Aérea del Perú y declarado héroe nacional en mayo de 1966. Su rostro aparece en los billetes de 10 soles.

NA-50 «Torito» en el que fue derribado el Capitán Quiñones. El héroe peruano llamaba «Pantera» a su avión.

El Escuadrón 201

Para finales de 1941 cuando la Segunda Guerra Mundial se vuelve un conflicto global, las fuerzas aéreas latinoamericanas se encontraban obsoletas y con un número reducido de aeronaves en comparación con las otras naciones beligerantes. Esto no evitó que desde el ataque a Pearl Harbor varios países de Latinoamérica declararan la guerra a las potencias del eje.

México mantenía su neutralidad; sin embargo, entre mayo y septiembre de 1942 6 de sus buques petroleros que abastecían a Estados Unidos fueron hundidos por los submarinos alemanes U-564, U-106, U-129 Y U-171 (algunos de estos buques eran italianos, pero habían sido requisados por México a principios de año). El 28 de mayo de 1942, 8 días después del segundo hundimiento, el presidente Manuel Ávila Camacho solicita al Congreso mexicano la declaración de guerra a las potencias del eje. El gobierno mexicano determina el envío de un contingente pequeño, con un costo que no representara un gran gasto para el país, pero cuya participación fuera simbólica en el esfuerzo bélico global. Es así como se crea la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana, integrando al Escuadrón de pelea 201.

Los mejores pilotos de la FAM, personal de tierra y algunas tropas terrestres fueron enviados a Estados Unidos a ser entrenados por la USAAC, para integrar el nuevo grupo de élite. De manera paralela, la Fuerza Aérea Mexicana se modernizaba al integrar los A-24 Banshee (versión terrestre del bombardero en picado naval SBD Dauntless) y entrenadores AT-6 Texan, adaptados para llevar bombas y un artillero. Uno de estos Texans pilotado por el Mayor Luis Noriega Medrano avistó y atacó al U-129 en julio de 1942, cerca de las costas de Tamaulipas. Tanto los AT-6 Texan como los P-47 Thunderbolt de la época pueden ser apreciados en el Museo Militar de Aviación en Santa Lucia.

El escuadrón 201 termino su perfeccionamiento en 1945, llegando a la Isla de Luzón en Filipinas en mayo. La unidad quedó al mando de la USAAC, volando con gran destreza los legendarios aviones P-47 Thunderbolt. Para esas fechas, la aviación militar japonesa estaba diezmada, por lo que el Escuadrón 201 no logró derribos, y más bien se especializó en misiones de ataque a tierra, apoyo aéreo cercano de las tropas americanas y bombardeos en picado. Se les atribuyen 30,000 bajas enemigas (entre muertos y heridos), y la destrucción de vehículos, tanques y edificios de las tropas japonesas invasoras. Así mismo, el personal de tierra de la FAEM logró la captura de algunos prisioneros japoneses tras breves tiroteos. El escuadrón sufrió 5 bajas en Filipinas, cuatro por fallas técnicas o escasez de combustible, y una por fuego antiaéreo enemigo.

Si bien la participación del Escuadrón 201 en Filipinas fue modesta (95 misiones de combate), es recordada con aprecio en el país asiático.

P-47 Thunderbolt de la Fuerza Aérea Expedicionaria Mexicana sobre Filipinas o Formosa (Taiwan). Estos aviones portaban tanto las insignias mexicanas como las estadounidenses.
P-47 Thunderboldt México
P-47 de la Fuerza Aérea Mexicana, decorado como los P-47 del Escuadrón 201 en Filipinas. Todos los aviones utilizados por el Escuadrón se quedaron en Filipinas. La Fuerza Aérea Mexicana recibió un lote nuevo de estas aeronaves después de la guerra. Foto: Eduardo Frías.

CONTINUARÁ…

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LIBROS RECOMENDADOS:

Fuentes:

https://www.fac.mil.co/el-grupo-a%C3%A9reo-del-amazonas-celebra-el-aniversario-no-84-de-la-batalla-de-tarapac%C3%A1

http://www.histarmar.com.ar/ArmadasExtranjeras/Paraguay/LaGuerraCivil1922-23.htm

https://www.gob.mx/sedena/documentos/material-aereo-historico-de-la-f-a-m

https://www.gob.mx/sedena/documentos/revolucion-mexicana-fuerza-aerea-mexicana

https://www.efe.com/efe/america/sociedad/hallazgo-del-avion-boliviano-que-cierra-el-legendario-capitulo-de-la-guerra-chaco/20000013-3649959

https://eju.tv/2018/07/pabon-gloria-y-caida-del-heroe-de-la-aviacion-boliviana/

http://www.oocities.org/es/conflictoperuecuador1941/heroe-jaqg.html

https://guerrade1941.blogspot.com/2018/04/jorge-aurelio-cerezo-el-heroe-olvidado.html

http://www.sedena.gob.mx/pdf/ventana_filipinas.pdf

https://www.xataka.com.mx/investigacion/vez-que-mexico-fue-a-guerra-gano-historia-olvidada-veteranos-guerra-escuadron-201

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