Continuando con la serie de episodios épicos protagonizados por aviadores Iberoamericanos y sus máquinas, presentamos la segunda parte de esta mini serie de dos artículos.

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Había terminado la Segunda Guerra Mundial. Durante los años 40 y 50, los países de Latinoamérica fueron equipados con los excedentes de aviones del conflicto, vendidos a precios muy bajos. Pronto en los cielos del continente aparecieron F4U Corsairs, P-47 Thunderbolts, Mustangs, B-25s, C-47s, entre otros. Algunas fuerzas aéreas también incorporaron modernos jets de primera y segunda generación como el T-33, el F-86 Sabre o el F9F Panther. Debido a diferentes factores, industrias aeronáuticas del periodo de entre-guerra dejaron de producir aviones (como la mexicana), mientras que otras como la argentina florecieron y produjeron diseños prometedores como el Pulqui II.

Eran los años de la post-guerra, y los países vencedores en américa gozaban de la abundancia y el progreso traídos por la victoria, en una relativa paz. Sin embargo, los cielos de América Latina se volverían a convertir en campos de batalla en 1961.

La Invasión de Bahía de Cochinos

En 1959, después de 2 años de lucha, triunfó la Revolución Cubana dirigida por Fidel Castro y los líderes que lo acompañaban. Cuba se alió a la URSS, su hermana mayor ideológicamente hablando. Así mismo, varias facciones comunistas en los países latinoamericanos vieron en Cuba el ejemplo de que la revolución podía triunfar. Recordemos que en 1959 la Guerra Fría estaba en su auge, por lo que Estados Unidos consideró a la nación caribeña como una amenaza.

En 1960 se comenzó a organizar en Estados Unidos un grupo guerrillero compuesto por exiliados de la revolución, exmiembros de las fuerzas armadas cubanas y estudiantes universitarios. La CIA los entrenó y equipó. Así nacía la Brigada 2506.

La Brigada estaba integrada por unos 2681 hombres, y era una auténtica fuerza armada organizada. Contaba con su propia división de infantería, una pequeña marina armada y su propia fuerza aérea. Esta última estaba compuesta por 8 transportes C-46, 6 cuatrimotores C-54 y 16 bombarderos B-26 Invader (el mismo que en la Segunda Guerra Mundial era designado A-26).

Fue esta pequeña fuerza aérea la que inició la invasión el 15 de abril, cuando 8 B-26 bombardeaban las 3 principales bases aéreas del gobierno de Castro. El ataque tenía el propósito de dejar fuera de combate a la Fuerza Aérea Revolucionaria (FAR), pero no se hizo el daño esperado. Así, los T-33 y Sea Fury cubanos lograron derribar 7 aviones enemigos el día 17 y hundir dos buques con suministros para la Brigada. Este fue el día más prolífico para los pilotos de caza del régimen de Castro. Algunos de los más notables de ellos fueron Rafael del Pino, Enrique Carreras Rolas y Álvaro Prendes, quienes lograron al menos un derribo cada uno ese día.

Al ser una operación clandestina, el apoyo aéreo por parte de EU a la Brigada era limitado, por lo que los aviones de la FAR tenían la superioridad aérea. Esto fue aprovechado por Álvaro Prendes y Enrique Carreras Rolas quienes al mando de sus T-33 derribaron cada uno un B-26 más el día 19. Así mismo, la aviación castrista llevaba a cabo ataques aéreos en contra de la Brigada 2506.

La Invasión de Bahía de Cochinos terminó el miércoles 19 de abril de 1961, con una victoria para el régimen revolucionario de Fidel Castro, quien nombró a sus pilotos como «Héroes de la Playa Girón».

Uno de los Sea Fury utilizados por la Fuerza Aérea Revolucionaria contra la Brigada 2506.
Base aérea clandestina en Nicaragua, desde donde se lanzaron los bombardeos contra las bases aéreas cubanas.
T-33 de los utilizados por los pilotos cubanos para derribar los B-26.

El último combate entre aviones de hélice o la Guerra del Futbol

A finales de los años 60 el mundo era ya muy diferente al de la época del último conflicto mundial. Sin embargo, algunos de los aviones de combate de aquella época aún servían en algunas fuerzas aéreas más modestas del continente. Este era el caso de Honduras y el Salvador, naciones que acumulaban tensiones desde principios de la década por cuestiones territoriales y migratorias. Sumado a eso, las dos pequeñas naciones de Centroamérica eran regidas por gobiernos dictatoriales, y en el caso del Salvador, por un régimen militarista. La rivalidad entre ambos países era cada vez más marcada.

Se le conoce como «La Guerra del Futbol» debido a que los acontecimientos políticos y sociales que la causaron coincidieron con los tres partidos de futbol jugados entre ambas naciones, en la eliminatoria al mundial de México 1970. En dos de los tres encuentros la selección salvadoreña resultó vencedora, dejando fuera del torneo a Honduras. El resultado de los partidos desencadenó una serie de riñas entre los aficionados, lo que aumentó la tensión entre ambos paises. Paralelo a esto, un grupo paramilitar hondureño conocido como «La Mancha Brava» se dedicó a cazar y expulsar o asesinar campesinos salvadoreños trabajando en Honduras. Debido al genocidio causado por esta pandilla el gobierno Salvadoreño inició con las acciones militares.

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Fue una guerra muy breve (4 días), en la que la aviación estuvo muy activa desde los primeros minutos del conflicto. Ambas fuerzas aéreas contaban con no más de 12 o 15 cazas cada una. La Fuerza Aérea Salvadoreña incorporaba FG-1D Corsairs (la versión del Corsair fabricada por Goodyear) y T/F-51 Cavalier Mustangs. Mientras que Honduras contaba con 10 u 11 Corsairs. Ambas fuerzas aéreas utilizaban también el famoso transporte C-47 adaptado como bombardero.

Las dos facciones intercambiaron bombardeos y ataques a tierra los primeros 2 días de guerra. El tercero las operaciones se centraron en el apoyo aéreo cercano a las tropas en tierra. Pero el cuarto fue el día del «dogfight» en la Guerra del Futbol. Ese día en la mañana, el mayor Fernando Soto de la Fuerza Aérea Hondureña derribó el Cavalier Mustang del capitán Douglas Varela de la FAS. Más tarde, dos FG-1D Corsair son interceptados de camino a su base por el mismo mayor Soto, derribándolos. El piloto del primer Corsair derribado logra lanzarse en paracaídas, pero el segundo muere en el acto. De esta manera, el mayor se convierte en el piloto de combate más prolífico de Latinoamérica, logrando 3 derribos confirmados en un solo día.

Las hostilidades cesaron el día siguiente cuando ambas naciones aceptaron sentarse a negociar, pero Fernando Soto y la Fuerza Aérea Hondureña ya habían pasado al salón de leyendas de la aviación militar: los combates donde participó Soto serían los últimos entre aviones de hélice en la historia.

Cavalier Mustang de la Fuerza Aérea Salvadoreña. Una de estas aeronaves fue el primer derribo del mayor Fernando Soto (FOTO: Museo Nacional de Aviación del Salvador)
El mayor Fernando Soto junto al F4U Corsair con el que logró hacer sus 3 derribos. El avión se conserva aún en el Museo del Aire de Honduras.

La Guerra de las Malvinas

Un relato detallado de todos los hechos heroicos en el aire en las Malvinas necesitaría de uno o dos artículos independientes. Se considera a la Guerra de las Malvinas como la última guerra colonial de America. Fue otra conflagración breve (abril a junio de 1982), pero que cobró al rededor de 900 vidas. Como en la mayoría de las guerras del siglo XX, la aviación jugó un papel importante. Es muy sabida la superioridad técnica de los ingleses durante el conflicto, pero el valor y el arrojo de los pilotos argentinos les ganó un merecido lugar de honor en la historia de la aviación militar.

El conflicto en Malvinas tuvo antecedentes desde tiempo atrás, al disputar Reino Unido y Argentina el control del archipiélago al Sur del Atlántico. Entre 1981 y 1982 se dieron varios intentos para negociar el control de las islas. El régimen militar en Argentina optó por la ocupación militar (de manera pacífica) de las Malvinas, lo que hizo que el Reino Unido reaccionara. El gobierno de Margaret Tatcher decidió movilizar a la flota para recuperar el territorio. Varias naciones trataban de mediar una solución diplomática al asunto, pero el 2 de mayo de 1982 el submarino inglés HMS Conqueror hundió al crucero argentino ARA General Belgrano, lo que puso fin a la esperanza de paz.

De inmediato comenzaron las acciones, y la aviación estuvo activa desde el primer día del conflicto. Muy pronto se evidenció la superioridad técnica de los modernos Harrier ingleses contra los aviones argentinos. Para ese momento, la Fuerza Aérea Argentina y la Aviación Naval contaban con cazas M-5 Dagger (FAA), aviones de ataque a tierra Super Étendard (naval), Pucarás (FAA) y el mítico A-4 Skyhawk (FAA y naval), mas otras aeronaves de apoyo logístico, transporte y abastecimiento.

Esto no detuvo a los pilotos argentinos de asestarle importantes golpes a los ingleses. Los bravos pilotos sudamericanos adoptaron una estrategia al estilo «hit and run», volando a escasos dos metros sobre el mar, golpeando por sorpresa a los ingleses y escapando antes de que estos pudieran reaccionar. Uno de los primeros ataques aéreos argentinos ocurrió el 10 de mayo de 1982, cuando dos Super Étendards de la Aviación Naval Argentina pilotados por el capitán de corbeta  Augusto Bedacarratz  y el teniente de navío Armando Mayora hundieron al destructor HMS Sheffield. Bastó solo con el impacto de un misil Exocet AM 39 de fabricación francesa para destruir al navío inglés. Esta era la primera vez en la historia que un buque era hundido por un misil aire-superficie disparado por un avión en una guerra.

Otra día de gloria para los pilotos argentinos fue el 25 de mayo. En esa ocasión, otra dupla de Super Étendards despegaron para interceptar una embarcación avistada por los aviones de reconocimiento de la Marina Argentina. Volando a unos metros de la superficie del océano, los pilotos capitán de corbeta Curilovic, y el teniente de navío Barraza dispararon sus misiles Exocet. Ambos impactaron en el enorme buque de transporte logístico Atlantic Conveyor. El navío se encontraba transportando helicópteros, vehículos, suministros y combustible para la fuerza de tarea británica combatiendo en Malvinas, por lo que era un polvorín flotante. Los pilotos navales argentinos convirtieron al buque en una antorcha, y la tripulación lo abandonó. Las pérdidas en equipo y suministros causadas por el hundimiento fueron millonarias.

Ese mismo día, una cuadrilla de 4 temerarios pilotos de la Fuerza Aérea Argentina volando A-4 Skyhawks (capitán Pablo Carballo, teniente Carlos Alfredo Rinke, primer teniente Mariano Ángel Velasco y alférez Jorge Nelson Barrionuevo) atacaron por sorpresa a dos destructores ingleses en el estrecho de San Carlos. La mayoría de las bombas erraron, pero tres de ellas impactaron al HMS Coventry, resultando hundido.

Los aviones de combate argentinos protagonizaron otras hazañas heroicas. Otra de ellas fue el ataque aéreo a Bahía Agradable (Bluff Cove air attacks). En aquella ocasión, una fuerza anfibia británica buscaba realizar un desembarco en el área, pero fueron avistados y se envió a la Fuerza Aérea Argentina a cortar la acción inglesa. El ataque consistió de dos oleadas. En la primera atacaron 5 A-4 Skyhawks sorprendiendo por completo a los ingleses y causándoles varios daños (dos de los pilotos, Carballo y Rinke, habían participado en el hundimiento del Coventry). Una segunda oleada de 4 Skyhawks cayó sobre las fuerzas británicas, pero ya no contaban con el factor sorpresa: 3 aviones argentinos fueron derribados por los Harriers de la Royal Navy. El único piloto argentino sobreviviente de la segunda oleada, Hector «Pipi» Sanchez logró escapar. El buque logístico RFA Sir Galahad fue hundido en el ataque, y el desembarco inglés en Bahía Agradable fracasó.

Años más tarde después de la guerra, Pipi Sanchez se reunió con el piloto inglés que derribó a dos des sus compañeros esa tarde, el teniente David Morgan. Ambos pilotos se hicieron amigos desde entonces.

La Guerra de las Malvinas se cerraba con un ataque aéreo también. El 13 de junio de 1982, dos escuadrillas de A-4 de la Fuerza Aérea Argentina atacaban el cuartel general de las fuerzas británicas en el bombardeo del monte Dos Hermanas. A pesar de que la guerra estaba prácticamente perdida para Argentina, los Skyhawk lograron destruir 4 helicópteros en el ataque, sobreviviendo los 8 pilotos argentinos.

Durante la guerra, al rededor de 37 aeronaves argentinas fueron destruidas por los ingleses y 6 barcos hundidos. Los argentinos por su parte lograron la destrucción de 34 aparatos enemigos (artillería antiaérea y destruidos en tierra, solo un derribo aire-aire), y el hundimiento de 8 buques. La guerra de las Malvinas terminó el 14 de junio de 1982 con la victoria del Reino Unido. Una guerra infame y que se pudo haber evitado; y en la que los pilotos y combatientes argentinos pagaron un precio alto por la defensa de su nación. La amistad entre Morgan y Pipi Sanchez, y entre otros veteranos de ambos bandos nos demuestra que más allá de las diferencias políticas o ideológicas siempre se impondrá el sentido de la fraternidad.

Pablo Carballo, uno de los pilotos de A-4 que atacaron y hundieron al Coventry, escribió un libro sobre sus experiencias en la Guerra de Malvinas. Se puede adquirir la sección «Libros electrónicos recomendados» que viene al final de este artículo.

Impactante imagen que nos muestra los A-4 de Carballo y Rinke volando a unos metros del agua durante el ataque al Coventry. Las manchas blancas son los impactos de la artillería inglesa tratando de derribarlos. Podemos imaginar el terror del fotógrafo británico viendo a los Skyhawk a un segundo de alcanzar su buque.
KC-130 abasteciendo a dos Skyhawks en vuelo.
Pucarás destruidos en tierra por los Harrier ingleses.
Ilustración representando a los Super Étendard en camino a destruir al HMS Sheffield.
David Morgan y «Pipi» Sanchez después de la guerra.

El último combate aéreo en Latinoamérica

1995 nos acercaba al cierre de un siglo. Parecía que en Latinoamérica los viejos conflictos entre naciones eran cosa del pasado. El nuevo milenio se acercaba y había esperanzas de prosperidad y modernidad en casi todos los países del continente. Esto no evitó que viejos desacuerdos territoriales revivieran la rivalidad entre dos naciones que se habían ido a la guerra por el mismo motivo 54 años atrás, Perú y Ecuador. Es así que en enero de 1995 estallaba la Guerra del Cenepa.

La guerra fue muy breve (26 de enero al 28 de febrero de 1995), sin una declaración de guerra, y las bajas oficiales fueron afortunadamente no tan altas como otras guerras del continente. Y una vez más, los cielos de Latinoamérica se convirtieron en campos de batalla.

Las acciones de ambos ejércitos en tierra se vieron complementadas por el apoyo de la aviación. En un principio, todo se limitó a misiones de apoyo cercano. Ambos bandos hicieron uso de sus A-37 Dragonfly, Strikemasters y Tucanos para darle soporte a sus tropas en tierra. Así mismo, se vio por primera vez al Mi-25 Hind de la Fuerza Aérea Peruana en acción (Mi-25 es la designación de exportación del Mi-24). Ocurrieron algunos derribos producto de la artillería antiaérea, o los misiles portátiles. Sin embargo, el 10 de febrero ocurriría un «dogfight» que haría historia.

Ese día, la Fuerza Aérea Peruana (FAP) moviliza 5 aviones de ataque desde la base de Talara y Piura. Se trataba de Su-22 y A-37. Por su parte, la Fuerza Aérea Ecuatoriana (FAE) tenía listos dos aviones Mirage F1  y dos aviones Kfir C.2 en alerta permanente sobrevolando la zona de la incursión. Casi a la 1 de la tarde, dos de los aviones peruanos fueron detectados por los dos Mirages ecuatorianos pilotados por el mayor Raul Banderas y el capitán Carlos Uzcateguí. Se trataba de los Su-22 del comandante Víctor Maldonado y el mayor Enrique Caballero. Los Mirages se aproximaron por la retaguardia de los peruanos y dispararon sus misiles, impactando contra ellos. El mayor Caballero murió en el acto, mientras que Victor Maldonado se eyectó de su aparato, cayendo en la selva y muriendo días después luchando por sobrevivir.

Minutos después, los dos Kfir ecuatorianos fueron sobre dos de los A-37 peruanos que incursionaban. El capitán Mauricio Mata, al mando de la escuadrilla de Kfir logra el derribo de uno de los Dragonfly, logrando que el otro salga huyendo de la escena.

En un solo día, la Fuerza Aérea Ecuatoriana lograba el derribo aire-aire de 3 aeronaves peruanas. Esto le dió a Ecuador la superioridad aérea los días restantes del conflicto. Así mismo, el capitan Mata realizaba el último derribo aire-aire en una guerra en Latinoamérica. Por esta hazaña se declaró al 10 de febrero como el Día de la Aviación de Combate de la Fuerza Aérea Ecuatoriana.

Mirage F.1 ecuatorianos.
Raúl Banderas en la actualidad, quien fue uno de los pilotos de los Mirage F.1 ecuatorianos que derribaron a los Su-22 peruanos en 1995. Foto: Eduardo Terán / EL COMERCIO (link de la nota original al final del artículo).

Conclusión

Desde luego, la historia de las acciones aéreas ocurridas en los conflictos armados en America Latina es mucho más amplia y con otras historias para contar. Las continuas guerras o conflictos sociales (como la guerra contra el narcotráfico) nos han llenado de estas historias más de lo que quisiéramos. Precisamente la evolución en la forma de pelear una guerra han obligado a las Fuerzas Aéreas a buscar otras alternativas para cumplir con sus misiones. En las últimas dos décadas hemos visto como el peso de las operaciones aéreas ha recaído sobre los aviones de vigilancia, los helicópteros y los drones. Además de esto, las crisis económicas han dejado en tierra a un gran porcentaje de las flotas de combate iberoamericanas. La pregunta queda entonces: ¿alguna vez volveremos a ver los aviones de combate de nuestras naciones en acción?

LIBROS ELECTRÓNICOS RECOMENDADOS:

Fuentes:

https://web.archive.org/web/20100525120746/http://www.acig.org/artman/publish/article_165.shtml

http://cuban-exile.com/menu1/%21menu.html

https://fuerzasarmadashispanoamericaoficial.blogspot.com/2018/01/aviacion-de-combate-en-la-guerra-de-las.html

https://www.infobae.com/fotos/2017/05/01/guerra-de-malvinas-22-grandes-fotos-de-los-ataques-aereos-a-la-flota-britanica/

http://www.radarmalvinas.com.ar/hundimientos.html

http://www.radarmalvinas.com.ar/relatos.html

https://www.elcomercio.com/actualidad/fae-raul-banderas-guerra-cenepa.html

https://www.arcgis.com/apps/Cascade/index.html?appid=7aa2129c709b43e1ab00b8da59b87e7d

https://web.archive.org/web/20100525142623/http://www.acig.org/artman/publish/article_166.shtml

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